miércoles, 18 de junio de 2014

Llamando a los elegidos: entrevista con un director vocacional



Entrevista original en Lifeteen.com, realizada por Dom Quaglia (DQ), traducida por @PaterAbraham

Hace poco tuve la oportunidad de sentarme con un gran amigo y mentor mío, el padre Joseph Fitzgerald. Es un sacerdote increíble que, además, fue campeón nacional fútbol y miembro del equipo olímpico de balonmano. Desempeña su labor de encargado de la pastoral vocacional en la Diócesis de Rockville Centre, en Long Island, Nueva York. He aquí algunas de sus ideas sobre ser "director de vocaciones".


DQ: Padre, ¿puede explicarnos qué hace exactamente un "director vocacional"?
FJ: En la sociedad de hoy día podemos decir que un director vocacional es como un director de recursos humanos: tiene la responsabilidad de encontrar candidatos adecuados para servir específicamente al Señor como sacerdotes.

DQ: ¿Qué es lo que más le gusta de ese trabajo, además de ser entrevistado por mí?
FJ: El encuentro personal con los que ya son seminaristas y las conversaciones con aquellos que están en pleno discernimiento, escucharles hablar de sus peleas con Dios o del momento de contar su vocación a familia y amigos, y luego se testigo de la gran alegría y alivio que sienten cuando toman finalmente la decisión de entrar en el seminario. Me hace pensar en cómo estaba yo cuando viví esa etapa de mi vida. 

DQ: Cuando alguien llega y le habla de su vocación ¿significa que está sentenciando ya su vida y que será ordenado tan pronto como sea posible?
FJ: Yo tenía un sacerdote que me dijo una vez, cuando yo estaba en mi etapa de discernimiento y salía con una chica: "tal y como sales con una mujer, tienes que salir con el sacerdocio." Cuando escuché esto pensé que era muy raro, pero es que hay que verlo con perspectiva. Tienes que pasar tiempo con el sacerdocio, y conocer a las personas que están "en la familia", y ver lo que son y lo que les gusta hacer. Tuve que hacerme preguntas difíciles, entender el carisma, la pobreza, el servicio a los mayores, la enseñanza, la diócesis, la obediencia, la misión, etc. Cuando una persona viene a hablar conmigo así es como trato de explicárselo. No está tomando ya una decisión de por vida, es el momento de descubrir y, además, en última instancia, mi interés es su alegría eterna y su salvación, y si no es como sacerdote, o como sacerdote de mi diócesis, quiero que se dé cuenta de ello. Así que nadie se está comprometiendo a nada por tener una conversación conmigo.

DQ: O sea, que si alguien dedica un tiempo al discernimiento y luego descubre que no está llamado a una vocación religiosa, ¿le parece bien?
FJ: Eso es. Como he dicho antes, mi deseo -para mí y para todo el mundo- es que descubra en su vida el plan de Dios. Cuando la gente, en la oración, descubre su vocación, o su no-vocación, siente una gran alegría porque por fin reconoce lo que Dios quiere, lo cual es más que aceptable.

DQ: ¿De qué manera el ser Director Vocacional le ayuda, edifica y/o desafia a su propia vocación?
FJ: Es un recordatorio constante de lo poco que soy. Las personas no se hacen sacerdotes por mí, sino por Cristo. Mi valor como personal no se basa en el número de los que entran en el seminario, sino en el hecho de que soy hijo amado del Padre.

DQ: Usted no siempre pensó en ser sacerdote, primero fue atleta olímpico y estaba muy comprometido con ello, ¿aquella experiencia le ayuda en su actual papel de Director de Vocacional?
FJ: Yo siempre he hecho una conexión de mi vida como deportista con mi camino sacerdotal. Jugué fútbol universitario, fui Quarterback en el Ithaca College -en la 3ª división del norte del estado de Nueva York- y también fui olímpico de balonmano. En ambos casos me encontré con grupos de gente en los que había de todo, con muchas cosas similares y con otras muy distintas. Pero todos compartíamos un objetivo común y, para conseguir alcanzar nuestros objetivos de equipo, tuvimos que posponer nuestros deseos y necesidades personales. La cooperación era esencial, y también lo eran la obediencia y el dejarnos dirigir por los entrenadores. Confiábamos totalmente en ellos. Nos pidieron hacer cosas muy complicadas y, a veces, poco ortodoxas, pero fueron las que nos condujeron a un gran éxito: ganar el Campeonato Nacional de la Universidad y llegar al Top 10 de los Juegos Olímpicos.
   También aprendí mucho en lo que respecta a las relaciones personales. Llegó un punto en el que yo ya estaba comprometido para casarme pero -y fue un momento difícil para ambos- terminó la relación. Sin duda detrás estaba la mano de Dios: me convertí en un hombre mejor y en mejor Padre gracias a todas estas alegrías y dificultades.
   Me di cuenta, mientras me dejaba llevar por Dios lejos de aquella relación, que Él veía mucho más allá de lo que yo era capaz, y que su voluntad era diferente a la mía. Yo, en aquel momento, no quería que fuera diferente, pero luego el convertirme en lo que Él quería y en lo que yo, en el fondo, también, trajo una gran paz a mi corazón.
   Como Director Vocacional, quiero saber cómo los que se plantean su vocación sacerdotal han superado retos y adversidades, cómo se relacionan, si pueden ser parte de un equipo, etc. O también, cómo se relacionan con los del sexo opuesto, o si son gente amargada, ¿estarán huyendo de algo? ¿hacen frente a los signos de Dios? Tener una mayor comprensión de estas cosas me ayuda a amar y guiar mejor al pueblo que Dios me ha confiado.

DQ: Unas palabras para un joven que está discerniendo su futura vocación.
FJ: Pasa tiempo en silencio y tranquilidad, sin auriculares, ni Facebook, Instagram, etc. Sólo tienes que dejar el móvil en casa y dar un paseo, o una carrera, y buscar un lugar tranquilo. 
   Lo mejor es sentarse delante de Jesús en la Eucaristía y recibirlo a menudo, pero sin ningún ruido ni distracciones. Entonces Él hablará, y sabrás a qué te está llamando. Empieza allí y luego rodeate de sacerdotes y religiosas que sean alegres y amen su vocación, obsérvalos y haz lo mismo que ellos.
   Y rodéate también de laicos comprometidos y fieles. Te harán fuerte en este viaje, y te recordarán, cuando pienses que la hierba es más verde al otro lado de la valla, que los pañales sucios y la hipoteca son tan difíciles como los retos de una vocación sacerdotal o religiosa.
   También es importante tener amigos cariñosos y que te apoyen. No tengas miedo de entablar amistad y hablar con personas del sexo opuesto, pero ten siempre presente que el trato ha de ser sano, y no olvides cuál es tu respuesta a la voluntad de Dios, por tu propio corazón y por el de ellos. Pueden ser buenos amigos, pero no tienen que ser necesariamente confidentes.
   Confía en el Señor. Escucha al Señor. Sigue al Señor.

DQ: Un consejo increíble, padre. Ha sido genial poder charlar con usted y aprender un poco sobre la mente, el corazón, y las responsabilidades de un Director Vocacional. Gracias de nuevo por tu tiempo. Nos vemos pronto. ¡Rezamos por usted!
FJ: Gracias Dom. Que Dios los bendiga.

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